18 feb. 2012

Naves, Los Tiempos que Corren

Capitulo Mas Primero





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-¡Karl!¡Karl!- Estallaba en mi sueño el llamado a despertar.
-¡Hubo una explosión en los reactores del ala inferior! Dijo la voz masculina desde el speaker central, que todavía no reconocí como la del Capitán Franco.

Mi avaricia  de sueño estaba corrupta por ese accidente. Tuve que levantarme 5 minutos antes que todos los días. Pesarme 5 minutos antes que todos los días (Así lo exigían las normas preestablecidas) Orinar a la misma hora que todos los días y salir corriendo con 5 minutos de retraso, como siempre.

Cuando llegamos al sitio del incidente Yo y Pa Michaels, quien a regañadientes me había dado trabajo a pedido del Documento con facha de Oficial con que te largan del criadero de pendejos, manejábamos los reactores, trece mil trescientas sesenta y dos Guernseys pías, dormidas todas en sus ataúdes inoxidables, alimentadas y drogadas por liquido rosado que fluía por venas de plástico transparente ( la cosa es pegajosa y te embadurna las manos) ejercitadas por impulsores eléctricos que les hacen temblequear los músculos, ellas ni siquiera despiertas a medias, y la leche cayendo directamente en cisternas inoxidables, Como quiera que sea. La Decisión (una tarde cuando estaba allí en los campos como el Hombre de la Azada, exhausto al cabo de tres horas de trabajo físico, contemplando la maquinaria del universo a través de la niebla de la fatiga.) : con toda. la Tierra, y Marte, y los Satélites de Más Allá repletos de gente y qué sé yo, tenía que haber algo más que esto. Decidí apropiarme de algo de todo eso. Y robé, como todos los días, tornillos y esas cosas que brillan. Después las tiro, porque lo único que me importa es reacondicionar el universo a mi medida, que es la medida de la ausencia.

-el-personaje-que-aprende: la historia de alguien que piensa de una manera al iniciarse la narración y que, como consecuencia de los conflictos y de lo que le sucede, cambia de forma de pensar. Seguro que hay muchas variaciones posibles, pero si Heinlein logró construir una carrera de éxitos con esto, tal vez le pueda ser útil también a ustedes. Recuerde que Heinlein fue el primero que logró vivir de su carrera como escritor de ciencia ficción. En nuestro mundo eso es, por ahora, imposible, pero tal vez en un futuro... Alguien debería comenzar.- Explicaba con nostalgia el profesor Fabián a su clase, mientras daban un paseo didáctico por la central de maquinas y cosas negras.

-Este ordenador que ven es el mayor de su tipo en el mundo. Contiene cinco millones trescientos mil criotrones y es capaz de manipular simultáneamente más de cien mil variables. Con su ayuda, nuestra cúpula puede diseñar con precisión el cerebro positrónico de los modelos nuevos. Los requisitos se consignan en una cinta que se perfora mediante la acción de este teclado, algo similar a una máquina de escribir o una linotipia muy complicada, excepto que no maneja letras, sino conceptos. Las proposiciones se descomponen en sus equivalentes lógico-simbólicos y éstos a su vez son convertidos en patrones de perforación. En menos de una hora, el ordenador puede presentar a nuestros científicos el diseño de un cerebro que ofrecerá todas las sendas positrónicas necesarias para fabricar un robot- Fabián reparó en mi presencia.

-Chicos, este que ven aquí es Karl Lanning, uno de los encargados que controlan que todo funcione bien, tal vez Lukas (uno de los chicos del fondo) se una a su grupo más adelante, porque carece de capacidad creativa, como todos los de su clase y la de Karl- Dijo, mirándome sonriendo, mientras los chicos se burlaban cruelmente del pobre niño aquel sin imaginación. Le sonreí como se le sonríe a un padre que no sabe los gustos sexuales de uno.

-Estas criaturas nuevas -dije- han establecido un récord.
     Ningún otro grupo ha pasado de la inteligencia a la madurez tan
     rápidamente. ¿No será una equivocación, profesor?-

Fabián desvió la mirada un segundo y me dio de respuesta una sonrisa. Cómo las que dan los padres que conocen las preferencias sexuales de sus hijos.


—Reconozco que ustedes los jóvenes tienen sus necesidades reales, que quizá nosotros los más viejos no comprendamos, pero tienes que mostrar cierta responsabilidad para con...- Me fui sin terminar de escucharlo, como un hijo que conoce las preferencias sexuales de su padre.


Volví a mi habitación, este trabajo me dispone las 24hs y debo estar descansado si surge otro inconveniente en la nave. Me drogué un poco con las drogas que permite el sistema preestablecido. Algo parecido al soma de Huxley, sí, en el futuro tenemos algunos de los libros que digitalizaron, los que no, los hicimos fuego. Hacía frío y nos dejaron sin combustible fósil :P

En ese viaje lisérgico que nos daba la dietilamina del cornezuelo espacial, encontré un toque de paz. Se conocía a esta droga de diseño vulgarmente con el nombre de P1J4. Vaya a saber uno por qué antojo de la filología etimológica de la ontología de las palabras del argot espacial. ¡Esto es una P1J4! Decían los jóvenes al ver algo grandioso. ¡Comete una P1J4! Susurraba el amante en el oído del amado frente a un banquete pantagruélico. Y cosas así… yo le decía Conchita, que era como más sabroso.

Después de un rato vino mi amante espacial a comer un poco de P1J4, mientras yo saboreaba la conchita que trajo. Cosas del futuro, vio? Así nuestra relación homosexual se dio durante un par de horas, hasta que se fue a atender otras habitaciones. El amor en el futuro se raciona racionalmente y todos tenemos que compartir.





– ¡Karl! –exclamó una voz en la planta baja.
– ¡Ya voy! –Alcé del suelo la maleta. Miré en el espejo de su cómoda un rostro formado por dientes de león de junio, manzanas de julio y leche de cálida mañana de verano. Allí, como siempre, se reflejaban el ángel y el inocente, aquella efigie que tal vez nunca, en todos los sigilo de su vida, llegase a cambiar.
–Casi es la hora –llamó la voz de mujer.
– ¡Ahora mismo! –Y descendí por la escalera, al tiempo gruñón y sonriente. En la sala de estar, sentados, Anna y Matías, las ropas dolorosamente pulcras.
– ¡Aquí estoy! –exclamó Willie desde el umbral de la sala.
Daba la impresión de que Anna fuese a romper a llorar.
– ¡Oh, Dios mío! No es posible que vayas a dejarnos, ¿verdad, Willie?
Willie tenía 60 sygils, la edad en donde uno se hacia esas preguntas. Hace 60 sygils daba vueltas en el universo buscando un lugar para formar un nuevo planeta, y gracias a las drogas y a las mujerzuelas (que era el único tipo de mujer que sobrevivió la catástrofe) Willie nos deleitó con sygils y sygils de filosofía barata y zapatos lunares. Ya nadie quedaba como él, uno de esos intrépidos que al bajar a planetas desconocidos se sacaba el casco para ver si podía respirar más allá de los dispositivos diseñados por los genios lunares. Leandro y Leonardo, o algo así. Yo no les hablé más porque me parecían estúpidos, además estaban enamorados de la P1J4 de Ariel, quien era un naive que la suavizaba con flujo vaginal. Willie había decidido hacer un ultimo extrañoplanetizaje a la vieja escuela y quedarse ahí, haiga aire o nole. Estábamos a 4 días de llegar al próximo destino, pa probar suerte, vio? Y Willie quería darse una ultima orgía entre un mar de hombres de la peor clase social posible de la nave, los cocineros.  Anna tenía miedo de que no sobreviva el apetito sexual y drogodependiente de los cocineros. A mi poco me importaba, había comido tanta concha hace un ratito, que el mundo que era esa nave, era de hierro blando y almohadas por doquier.

-Willie, dejate de joder y comete esta P1J4- Dije, mientras acariciaba la pared y lamía los hierros conductores del aire acondicionado.

Lo acompañamos a las cocinas, como quien lleva de la mano a un niño sobre las ultima milla hasta la silla eléctrica. Ellos lo recibieron jocosamente
–¡Formemos equipos! ¿Quién quiere a Willie en el suyo? – Gritó un gordito sudado, muy entusiasta.
–¡Bah!, Willie es demasiado pequeño; no queremos «niños» con nosotros. – Dijo el drogadicto más comedor de P1J4 de la nave, a quien llamaremos Danilo, por cuestiones de seguridad,
Y le aventajaron en la carrera, atraídos por la Luna y el Sol y por la sucesión turnante de estaciones de hoja y de viento; él siguió teniendo doce sygils en su cabeza llena de drogas, pero ninguno de los otros volvió a tenerlos jamás. Y las voces, las otras voces comenzaron de nuevo a repetir el manido estribillo, frío y aterradoramente familiar: «Más vale que le des vitaminas a ese chico, Walter». «¿Qué pasa, Anna, es que en tu familia hay una rama de bajitos?» Y el frío puño que vuelve a golpearte el corazón, el conocimiento de que será preciso volver a arrancar las raíces después de tantos sygils buenos con los «parientes».
–¿Adónde vas, Willie?
Sacudió bruscamente la cabeza. Volvía a encontrarse en medio de aquellas torres humanas, de aquellos mocetones que le hacían sombra, que pululaban en torno a él, como gigantes inclinados a beber en la fuente de un parque.
–Me voy unos días a la habitación de un primo. – Dijo, así re depente, mientras los penes y la droga exudaban nauseabundos y espaciales olores. Anna, a quien le estaban zarandeando los tres agujeros al mismo tiempo se quedó ahí.
Mi comunicador tintineaba en la cintura, otra fuga. Y bué, cosas que pasan en una nave que ya lleva 400 sygils dando vueltas. Según me dijo Willie una vez, a esta nave le quedaban 30 sygils más de vida útil. Eso, como que me entristecía un cacho byte. Que es como cachito.
  


Dios sirve en raciones, ¡tomad, hermanos!,
en sygils luz de mares, lagos, pantanos,
aguas donde se ahoga, en lo mas profundo,
la mente ordenadora que escruta el mundo
sin hallar la respuesta al afán certero
del huevo o la gallina: ¿qué fue primero?
La respuesta se esconde en el ancho cielo
donde los astronautas, inútil vuelo,
suben con sus cohetes, y de esperanza
el Tecno-Papa un gran castillo de fuegos lanza,
con cintas en la tripa, corriente alterna,
Galilea en metáforas, pólvora eterna,
y amasa un pan que crece y sirve un vino
que es sangre para el alma, sacro destino,
y, con palabras huecas, llena vacíos,
como un vuelo de pájaros de fuegos píos
que se agitan y funden, mensaje alado,
y así, el hombre sediento, se halla saciado.
Pero el misterio queda y al hombre sigue
una lluvia fantasma que le persigue.
Con máquinas–fábrica para artilugios,
a medias satisfecho con sus refugios
donde al doble misterio, dan voz y eco
un ordenador Mago y un Padre Hueco.


Eso se leía en uno de los carteles que embellecían los patios de comida, los celadores de la nave habían comido demasiada P1J4 cuando lo escribieron, pero que va, a nadie le importaba mucho para ese entonces. Estaba almorzando con Fabián, el tenía su guardapolvo blanco y yo mi mameluco púrpura. El comía algo verde, y yo algo azul. Supuestamente lo suyo tenía sabor a Hamburguesa, pero jamás probamos una. El mío tenía gusto a flujo vaginal. Estaba peola.

—Fabián, me gustaría que le echaras un ojo al cuarto de Criar Pendejos-

—¿Qué le pasa?

—No lo sé.

—Pues bien, ¿y entonces?

—Sólo quiero que le eches una ojeada, o que llames a un psicólogo para que se la eche él.

—¿Y qué necesidad tiene un cuarto de acondicionamiento didáctico de un psicólogo?

—Lo sabes perfectamente - detuve la vista en el centro de la cocina contemplando uno de los fogones, que en ese momento estaba hirviendo sopa para cuatro personas—. Sólo es que ese cuarto ahora es diferente de como era antes.

—Muy bien, echémosle un vistazo.

Nos escabullimos hacía el ala superior de la nave, de acceso restringido. Pero en mi trabajo aprendí a abrir, falsificar y robar todo lo que estaba a mi alcance. So, tarjeta va, tarjeta viene. Llegamos al Criadero de Pendejos, que es a donde las mujerzuelas depositan sus bebés pa que se los críe, vio. Y bue, que se yo, era como que estaba todo muy vacío, no era el mismo Criadero de Pendejos de hace décadas, donde yo nací y estaba repleto de gente. Es más, no había ni un pibe dando vueltas por ahí, las luces apagadas. Fabián me miró como se ve a alguien que lo atrae sexualmente y me dijo:
-Ves? Por eso estamos acelerando los procesos de gnosis de los guachos, tenemos que inyectarles epistemologías varias pero ya, porque se nos acaba el tiempo y las ganas. Así como Willie nos dijo una vez que esta nave tiene para 30 sygils de vida útil, el desgano, la falta de ganas y no poder visualizar un futuro a largo plazo, hace que todos laburen así nomás, restándole por lo menos 15 sygils de vida útil a esos 30 de Willie. Cómo vos, que laburas como el orto, ¿pero que vamos a hacer? ¿Tirarte a la mierda? Nah, somos humanos y por más que vos te vivas afanando boludeces a nadie le importa, si no te las vas a poder llevar a ningún lado. ¿No te parece extraño que cuando te solicitan para una emergencia ya está todo solucionado? En realidad lo que hacemos es que te vayas de tu pieza, así la limpiamos un toque. Sino es un caldo de cultivo para enfermedades eso. Y te damos de comer y también un poco de concha para que no rompas las pelotas-

Mis ojos brillaron como los de un enamorado, por fin alguien le decía concha a la P1J4. Mi pequeño grano en la semiología híper espacial había sido cosechado.


 
 
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2 comentarios:

Lao dijo...

Interesante lo que escribes. La ciencia ficción suele ser un anticipo de la realidad en un futuro cercano. Muchos saludos.

Harkoonen dijo...

Este la rompe, encima me lo lei escuchando: http://youtu.be/tA00eXVWiN8