24 jun. 2011

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Toda la galaxia fue confabulada para crear. Ella, mujer. Él, caos, hombre.

Siendo conjunto mágico, negando lo inefable, la entropía.


Dicen que el caos es falta de orden.

Y de la magia que solo es la mano que saca conejos de la chistera.




Cuando Erwin Goffman dice que todos los actores sociales son solamente actores. Le preguntan quien es el director. ¿Todo nace de una impro del actors studio? ¿Existe todo esto, complejo doloroso y bello por casualidad?

¿Y sí hay un dios, que es lo que hace? ¿A qué se dedica? ¿Somos bacterias en sus bolsillos repletos de vacío pelusas y boletos viejos? ¿Y él... cuál es el escenario donde desarrolla sus actividades?

Sí dios es autosuficiente, si él es todo.

El es caótico

Y la magia


Vivimos agrietados, molidos a palos en la fantasía astronómica de un dios travesti.

Me encantan las lentejuelas y los ojos delineados.






La magia solo existe si se la comunica, si se enseña, se muestra y se transmite.

El primer acto mágico lo trajo Prometeo. Ese viejo sucio y maloliente que la historia recuerda bello y ario.

La misma historia que crucificó dioses para adorarlos y mató padres para emerger totems desde sus cuellos en flor.

La vía láctea es semen coagulado y los agujeros negros...

Los ángeles.


Intentamos comprender este mundo y lo hacemos con todas nuestras fuerzas. Fuerzas que deben ser usadas para vivirlo y cambiarlo, y saborearlo. Pero primero hay que comprender. ¿Y lo hacemos estudiando a los dioses?
Nicholas Negroponte habló alguna vez sobre ser binario, sobre transmitir información concisa, secreta, lacónica, breve, pero profunda. ¿Qué tal si todos esos señores roñosos nos querían transmitir algo comprimido, en textos aleatoriamente llenos de magia y religión.




Te guiño un ojo, para demostrar que puedo controlar la existencia del universo en mis pestañas negras.

El escenario es la espalda de los dioses, sus hombros, su parte lisa y suave.


¿Qué hacer si no seducirlas?


No quiero negar el universo a sus habitantes, que como gardenias y piojos pueblan a kali.

No quiero negarla a ella. Violenta y pasional de amor infinito a quienes la respetan.

Le tengo miedo, porque en ella cabe la marea que empuja los barcos que llenan tus platos de especias y mueven colectivos




Lo que escribo y lo que vivo es para compartir, ningún sentido tiene que queden flotando entre iones y locura. La sangre me hierve, el fuego se escapa de mis ojos. Y todo lo que quiero es acompañar, acompañar a los dioses en su creación. Hablar sobre ellos, escribir para ellos. A ellos les debo  cada espejo roto cada jabón blanco, cada toalla manchada.

No voy a mentir si digo que hablo y que soy emisor en busca de sus oídos.

Ni tampoco voy a atreverme a pensar que no son ellos los que hacen que el 153 tarde una hora en venir o 15 minutos.

El mundo es complejo. Son muchas las variables que lo determinan y le pertenecemos, como conjunto. Como bloque azaroso lleno de espinas y espíritus. El nos ordena. En una improvisación regulada por intereses personales y altruistas. No hay mejores, ni hay de unos y de los otros. Los son en conjunto. Existen así. Algunos son mecenas otros artistas. Los mejores son los que muelen trigo y hacen el pan. Los peores los que llegan tarde y olvidan.
Y aún así necesarios ambos para que esto exista. La pregunta es si queremos que esto exista. Quiero dar para los otros aún lo que no tengo y por eso me condenan. Y cuando no tengo nada para dar es cuando me siento solo.




Sí, el mundo es complejo y los dioses son resúmenes, storylines de films eternos, llenos de humanos, camioneros y policías y cocineros. Hesiodo fue uno de los primeros y allá en la India sagrada y sucia y llena de poluciones y muerte y putrefacción están los que construyeron la imaginación. Los atalantes murieron de eficaces, como los japoneses y los suecos. Así están ellos luchando contra la entropía, infierno vacío. Llenándose de placeres vulgares y aburrimiento.

Soy la sangre de muchos. También aborigen, como mi abuela, quien parió hijos de rodillas sobre el pasto y pensó a los 70 años que Leonardo Simmons era un tipo valiente por desabrocharse el cinturón en el momento de mayor libertad que tiene un hombre.
Corre en este cuerpo también scarparo y calamares y valles verdes, infinitos. El ansia de mar y del hogar calido. No quiero cocinar para uno. I don't want table for one. De nada sirve el universo si no lo veo en otros ojos, mientras miran y la boca dice te amo.




Recuerdo mi aventura de solitario, divertida y llena de cervezas importadas y los mejores postres. Pero en invierno tenia tanto frío y en la pared un hueco me miraba con ganas de devorarme y en mis venas transitaban espejismos de filos y anhelos de eternidad inmediata. Y ahora soy un recuerdo. Soy memoria, pasado en el presente. Recuerdo rápido, de segundos. Una vez cada tanto. Soy 150 bytes y hasta exagero, todo el placer del mundo.










Los autos no se reparan solos, me dijo una vez un testigo de Jehová.

Quiero ser tu herramienta y tu arma. Tu beso y tu cariño
Sabés de mi ternura.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

quien pudiera :3

Harkoonen dijo...

muy bueno.