12 dic. 2011

Un piano transparente afinado en La

 A for the American people




Ella llevaba un vestido amarillo y hacía llorar perros callejeros. Yo entibiaba un colchón como todos los sábados. Había pasado un tiempo desde que dejé los anhelos. Vivir es empujar los días hasta que en algún momento se desplomen sobre uno. Pero no soy bueno en el equilibrio, mis días amontonados no duraban ni siquiera una semana.

Ella llevaba un traje ejecutivo y apostaba tontamente al rojo y al negro en la misma bolilla. Yo de cajón apostaba al 20, pero no gran cosa. Salí a fumar. Nunca más la vi.

Las oraciones se anclaban en sus labios. En sus ojos que inyectados de sueño despertaban venas. Mi pulso cambió y decidí pegarle un poco también. Desde esa noche no pudimos dormir, ni cojer, solo nos miramos. Es triste y aún así sembramos envidia por donde tomadas, nuestras manos van.

Cualquiera de esos tres párrafos podría ser el principio de algo que te gustaría leer, tal vez. Pero a mi me gusta la electricidad. Las luces sobre un fondo oscuro, el ruido percutivo del martillo mecánico, la chispa con la que mi viejo creaba galaxias mientras hacía vaya uno a saber qué con amoladoras y varillas de soldar. Siempre me interesó el vacío, el vacío lleno de circuitos y chips y cosas negras como transistores, capacitores y diodos. Si tengo que escribir algo que sea maravilloso para mí, tomaría el guión de Tron y de Hellraiser y como los dadaístas los cortaría en pedazos para quemarlos y ver en el humo los sueños de aquellos chamanes eléctricos, obscuros y por esos brillantes.

Uno como escritor quiere agarrar de los pelos a los demás y obligarlos a un laberinto de luces led, noches, lasers y peligro. Pero no puede o si puede, pero otro. Yo no. Yo solo te pido que te quedes ahí donde estás y empujes tus ojos a un viaje de verdes, rojos y azules por todo el espectro del sistema sustractivo hasta que quede tu color original, o miles de ellos. Que veas como esos phospenos se mueven al ritmo de la música y dejés de querer morir. Con eso estoy bien. También estaría bueno que frente a cualquier discusión sobre la cosa pública, preguntes por la redistribución de la riqueza. O sea, todo bien con que avancemos en políticas sociales, seamos garantistas, putos y drogones, pero... lo que importa es la moneda. Primero repartí la torta y después elegimos los colores de las guirnaldas, Ok?
Sí, No está bueno lo que escribo, aburre. Pero soy egoísta en lo único que puedo retener. Que son estas cosas que ves y que parecen letras. ¿Sabías que lo que estás viendo en realidad son solo miles de millones de electroncitos rompiéndose contra una pared verde y dorada esquivando autitos negros y chapitas plateadas? Y así me resuelvo subjetivista. No puedo creer en una realidad única si cualquier realidad empieza a existir desde que alguien la percibe. Y sí, claro que el árbol hace ruido desde el momento en que vos conjeturás su existencia. El relato lo hace real, vos lo hacés real y a mí también.



Mientras esté encerrado en este cuerpo no sucedo. Por eso soy electricidad ahora. No letras, no ruido, no imagen. Soy amperios, ohms, iones, jugando el partido de su vida por aparecer en una pantalla cualquiera, con miles de muertos y heridos. Pensá cuanto se recorre. Cuantos cambios de inductancia sufro para llegar a vos. Atravieso 5 volts primero para que mi significante se transforme en los 220volts de la línea que te alimenta a vos mientras mi significado vaya a saber que ondas de radio y que redes telefónicas y fibras ópticas y satélites transita hasta que copulen ellos y se dibujen frente a tu retina y tu sistema nervioso penetrando así tu oxigeno y tu mente y se regeneren en conceptos que puedas comprender como más te guste.
Ellos también viajan para encontrarse ahí con los 5 volts que alimentan tu pantalla o los 12volts que el caché de tu navegador imprime en tu disco rígido. Y no es fácil de explicar, hay procesos internos, ínfimos de estatura. Que son miles de millones, buses de memoria, de microprocesadores, de cositas negras que vomitan vueltas y vueltas de kilohertz. Cruzando puertas que se abren y se cierran por qué sí, millones de puertas que le dan significado a su ser, que lo hacen ser, que después de atravesarlas ellas le construyen una esencia.
Es un mundo con varias lenguas, donde los traductores son rey y los esclavos empujan unos y ceros. Una sociedad de castas, que solo existen para interpretarse las unas a las otras y ser a los ojos de un dios cualquiera: un video porno, una granja estúpida o el ultimo análisis sobre el genoma humano. Y el viaje no termina así.

Hay que sondear campos enormes, megatransitados, dificultosos y confusos. Pensá en las cosas que hay en vos no se borran, se acumulan y la única manera de liberar tu memoria es borrar el camino que te lleva a ellas. Pero ahí están, oscuras, escondidas, esperando que alguien, cualquiera, reconstruya su pasado. Los gigabytes no existen. Son infinitos. Lo que realmente ocupa espacio es el camino. El viaje que hace la aguja, el imán, el disco, el hueco, el 1, la nada, el amperio, el electrón y otra vez expulsados hacia la nada esperando una dirección para aparecer ahí, al mismo tiempo que vos lo ves, acá.
Estamos ahí con vos siempre que nos recuerdes y estoy acá sin vos, para mí. Podíamos enfrentarnos a la apatía del mundo o al menos intentarlo. Pero vaya a saber uno qué te hizo elegir otra situación que no soy yo. Espero que sea una mejor, una que te haga feliz.
Son esos hertz que descargo sin rumbo mientras duermo, que vuelven diciendo que aún estás ahí pensando otra realidad diferente a la que ahora te domina. La realidad que a mí me gusta es una realidad dicroica, de líneas que se borran en fondos para dibujar después lo que la mente interpreta. He visto árboles contarme el génesis del mundo, con los cuernos y las diademas que hacían falta para acabar con él. Sombras tras hombres rubios y locos que hablan rápido por la ambición de ganarle al mundo dos palabras más antes de morir. Hombres transpirados y con suaves fragancias. Hombres bellos que extraño. O de pelo blanco y nariz aguileña que supieron amarme una noche para que yo me escape hacía la nada, hacia el vacío que es el precipicio que se llama mujer. Y son estos forros cromosomas que por antojo rechazan la testosterona de otro hombre y buscan la fragancia de rosas con espinas que escupe el cuerpo femenino. Y así otra vez, es el pulso eléctrico que decide tu ser en una cancha microscópica, donde son cargas positivas y negativas lo que dice que te tiene que gustar y que no. Pero el hombre es inteligente y libre cuando se lo propone y se emborracha y así mantiene la especie.
Que es lo que importa cuando estás destinado a ser lo que tus cuarentaypico de cromosomas quieren.





Al final uno encuentra su destino en el camino que elije para evitarlo. Hice todo lo que pude para ser libre, para no ser lo que me piden que sea, antena. Pero no puedo, me es inevitable comunicar y se que está mal, que hago daño a este hermoso sistema supraestructural que mantiene mi comida caliente y mi cerveza fría. Pero no puedo la mafia del hidrógeno exige que pague con cada gota de agua que bebo, el doble. Y así transpiramos sales, que son valiosas en el mercado de cambio. Por eso le dicen arbolitos a aquellos que cambian pesos por oxigeno.

Y es el alma la que me pide un cigarrillo mientras mis mucosas ruegan por el no. Es el cerebro quien suplica por nicotina para lubricar neurotransmisores en esta imagen que Giger podría contar en un segundo. Y así yo espero apaciblemente el momento en que la tecnología abandone lo abstracto para dejar esa ambición por la eternidad y se vuelva biológica y comprenda que está para perecer. Paredes que respiren la contaminación que nuestros padres nos dejaron. Añoro a esos miles de hijos que empezaran a poner fin a los sueños de eternidad de sus padres. Hacen falta nuevos tótems, los que aún quedan de pie están añejos, gastados y no transitaran nunca por las venas eléctricas que recorren el mundo.


3 comentarios:

Caro Pé dijo...

Rayos catódicos llegan hacia mí, me invaden!
"He visto árboles contarme el génesis del mundo"
Contame qué te contaron los árboles.
Acaso hay principio?
Acaso hay un final?
Acaso todo vuelve y retorna eternamente?

pd:Como dice la Mala Rodriguez:yo soy el mundo entero
saludo Karl!

•Eveelyn dijo...

No me perdono el tiempo que pasé sin leerte. ¿Estás seguro que tu alma pide nicotina en vez de libertad?

Espero que seas feliz!

Harkoonen dijo...

Karl, sos groso!